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En Las Grutas, las aguas más cálidas de la costa
Verano en Las Grutas

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01/12. Es como un oasis en medio del desierto. No importa si uno viene desde el Norte o el Sur: para llegar a Las Grutas siempre hay cientos de kilómetros que recorrer por un paisaje solitario y sin árboles, barrido por el viento patagónico y bajo un sol que en verano puede ser implacable.

Es como un oasis en medio del desierto. No importa si uno viene desde el Norte o el Sur: para llegar a Las Grutas siempre hay cientos de kilómetros que recorrer por un paisaje solitario y sin árboles, barrido por el viento patagónico y bajo un sol que en verano puede ser implacable.

Y de pronto, al borde del mar, aparece la silueta blanca de la costanera, las casitas también blancas, el ramillete multicolor de las sombrillas posadas en la arena: el desierto se corta abruptamente para convertirse en un balneario lleno de gente que descubre este mar transparente y lo hace suyo por un verano.

Las aguas cálidas de Las Grutas, su caballito de batalla turístico, no son el mito que podría prometer su ubicación geográfica: se deben a un fenómeno complejo de calentamiento solar, la gran amplitud de las mareas y la diferencia de salinidad entre las aguas de la bahía, lo que limita el intercambio entre las aguas más cálidas que llegan a la orilla y el resto de la masa líquida del golfo San Matías, de menor temperatura. Cualquiera que ponga los pies en el agua cuando la marea vuelve a subir puede comprobarlo: para delicia de chicos y grandes, el agua llega inesperadamente cálida, como en ningún otro lugar de la costa argentina (la temperatura oscila entre 22 y 25 grados).

En la playa de Las Grutas hay que ser nómada: cuando la marea sube, el mar llega hasta los acantilados, donde con paciencia sin fin excavó los huecos que dan nombre al balneario, dejando casi sin playa la mayoría de las bajadas, sobre todo las más céntricas (de Norte a Sur, desde Pewan´s hasta la Séptima, hay varios accesos al mar, enmarcados por arcos blancos de aire inconfundiblemente mediterráneo). Pero cuando llega la bajamar, queda al descubierto una playa extensísima, en parte de arena y en parte de roca caliza, donde se excavaron piletones que se llenan naturalmente de agua de mar? y de pequeños peces, sus habitantes habituales.

Atravesar el resbaloso piso rocoso, donde abundan los caracoles y las algas, es todo una aventura: cuando termina, se encuentra una segunda playa de arena y nuevamente la rompiente, aunque los días sin viento el mar es tan liso como una pileta.

Según las subidas del mar

Los horarios de las mareas cambian cada día, de modo que los más organizados consultan su tabla, o bien simplemente se instalan y se van moviendo según el avance y retroceso del mar. Dos son las reglas de prudencia que impone Las Grutas: tener en cuenta la subida del mar cuando se camina por las restingas y no instalarse justamente en las grutas de los acantilados, a pesar de la sombra tentadora, porque su conformación inestable, en permanente transformación, amenaza con derrumbes.

Las aguas del golfo San Matías, protegidas de los vientos por los acantilados, son ideales para toda clase de deportes náuticos, desde el jet ski hasta el esquí acuático y el windsurf, y también para bucear.

La transparencia del agua otorga buena visibilidad y la calidez facilita las inmersiones, ya sea para un bautismo -el primer buceo, precedido de la enseñanza de las técnicas- o para salidas más complejas a los parques submarinos. Confiados, los meros y besugos se acercan a comer de la mano de los buzos, mientras en el fondo marino se divisan con nitidez algas, caballitos de mar, anémonas, erizos y estrellas de mar. Se bucea durante todo el año: el verano es ideal, aunque la abundancia de algas disminuye un poco la visibilidad. La belleza de Las Grutas siempre está dada por la intensidad azul del mar, la atracción del desierto que se extiende apenas se dejan atrás las rutas y ese aire mediterráneo trasplantado a la Patagonia.

Caminatas y snorkeling en Piedras Coloradas

Al sur de Las Grutas, por un camino de ripio, si se dejan atrás las precarias casitas de los pulperos, se accede a Piedras Coloradas, una de las playas más bonitas de la zona. En este paraje afloran al borde del mar formaciones rocosas de intenso color rojizo, que datan del precámbrico e integran la formación geológica más antigua de la zona.

Un pequeño parador permite contemplar con tranquilidad las barquitas de los pescadores artesanales varadas en la playa, además de las numerosas aves marinas.

Algunos eligen Piedras Coloradas para practicar snorkeling -una inmersión sencilla en el mar, con máscaras y tubos para respirar que suben a la superficie- o bien para deslizarse por la arena en tablas de sandboard. Después de aprender la técnica (simplemente hay que encerar las tablas, frotarlas contra la arena y después colocarse en lo más alto del médano para dejarse llevar por la pendiente), grandes y chicos prueban su equilibrio? y también la conveniencia de contar con un buen colchón de arena durante las caídas.

Secretos ambientales

En la restinga de Piedras Coloradas también se realizan caminatas interpretativas, que permiten descubrir los pequeños secretos de esta zona intermareal, a veces descubierta y a veces debajo del agua, con su particular ritmo biológico.

En El Sótano y el Cañadón de las Ostras, dos parajes situados aún más al Sur, también se realizan caminatas de interpretación ambiental y se aprende a distinguir los numerosos fósiles preservados por el tiempo y la sequedad del clima.

La Nación
 

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